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"Cruz Velacuy" o "Velada de la Cruz"

El mes de Mayo posee un significado especial en el calendario incaico. Aymoray Quilla (Luna de la Cosecha), relacionado a la labor agrícola y el almacenamiento de la Mama Sara (maíz).


El calendario Inca es netamente astronómico, el Cosmos sirvió de guía para preparar tiempos agrícolas de cosecha y siembra. Los primeros días de éste mes hace su aparición en nuestro cielo andino, la Chakana (Cruz del Sur, constelación) que representaría un medio de unión entre el mundo humano y el Hanan Pacha (Mundo de Arriba), por así decirlo, una escalera de cuatro lados y doce puntas que conectarían lo bajo y lo alto, la tierra y el sol, el hombre y lo superior.

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Con la extirpación de idolatrías dirigida por los españoles en tiempos de invasión, se quiso cambiar y borrar costumbres andinas introduciendo de manera forzada otro tipo de elementos culturales propiamente del mundo occidental, en este caso la imposición de la Cruz Cristiana, a lo que se sumaron los castigos mortales en caso de no aceptar dicha ideología, con el propósito de lograr que el hombre andino deje de lado sus creencias y veneración por entes sagrados no-cristianos; objeto por el cual, fuimos considerados seres sin alma y por lo tanto salvajes.

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La sociedad Inca jamás pudo desligarse de sus propias creencias y ritos ante sus Dioses, y con el tiempo se fue creando un nuevo estilo de vida en su religiosidad. A esto le llamamos Sincretismo, que vendría a ser la fusión o mezcla de elementos religiosos que dan como resultado nuevas manifestaciones culturales. Y es así que hasta hoy en día todavía se practica la Velada de la Cruz con la devoción católica cristiana y también el eterno agradecimiento a la Mama Pacha (Madre Universo-Cosmos) por darnos el alimento a través de la tierra.

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*“Cruz Velacuy” (toda la noche del 2 de Mayo) , intento de quechualizar “Velada de la Cruz”

Autor: Antropóloga Nohelia Olivares

La Semana Santa en Cusco

La Semana Santa en la ciudad del Cusco se caracteriza por el fervor de los feligreses al ser parte de cada una de las actividades religiosas que se tiene durante la semana.


Domingo de Ramos junto a los primeros rayos del sol, se acude a misa de alguna iglesia cercana o específicamente a la gran misa de la Catedral. Este día es cuando se conmemora la triunfal entrada de Cristo a la ciudad de Jerusalén, recibido por una multitud portando pequeñas ramas de árbol los cuales servían para adornar su camino. En la tradición cusqueña, pequeñas cruces hechas con hojas de ñihua, y adornadas con trenzas de ajo, flores silvestres de rosas q’era y phallchas (florecillas moradas), son las que representan los ramos de Jerusalén; estos ramos son bendecidos y posteriormente colocados en la puerta de las casas familiares.

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Lunes Santo, es el día que todo el pueblo creyente espera ya que nuestro patrón Taytacha de los Temblores sale en procesión a manos de sus devotos, haciendo un recorrido por las principales calles de la ciudad y finalizando con la bendición general que atrae a miles de cusqueños y turistas en la Plaza de Armas del Cusco.

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Martes y Miércoles Santo se ofrecen misas en las diferentes iglesias y Jueves Santo por la noche se hace el recorrido de Las Siete Estaciones que no es más que la visita a los 7 templos más importantes de la ciudad. Algunas familias acostumbran comer los 12 platos (en conmemoración de la ultima cena de Jesucristo) que en su mayoría son manjares andinos, entre dulces y salados, pescados y mariscos.


Viernes Santo para la mayoría de las familias es un día de ayuno (sin desayuno) ya que a medio día toca disfrutar de los 12 platos. Por la noche las principales iglesias llevan en procesión el Santo Sepulcro por calles cercanas a la misma, estas procesiones son aproximadamente hasta la media noche donde cada grupo de vecinos de los barrios aledaños preparan alfombras florales y pequeños altares para la pasada de Cristo ya fallecido.

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Sábado de Gloria, hay misa desde muy temprano en todos los templos e iglesias conmemorando la Gloria del Señor.
Domingo de Resurrección o Pascua de Resurrección es sinónimo de alegría y festín, “Cristo ha resucitado” y por este motivo nosotros los cusqueños celebramos con un gran almuerzo en familia. El cuy al horno es nuestro plato para este tipo de ocasiones.

El púlpito de San Blas (Iglesia de San Blas)

 

 

A fines del siglo XVII, el obispo Manuel Mollinedo y Angulo, mecenas del Cusco colonial, mandó tallar el célebre púlpito que los especialistas en arte consideran la obra más excelsa que produjeron los maestros tallistas del Perú virreinal. De autor desconocido, el púlpito ha sido atribuido a diversos artistas, entre ellos a Juan Tomás Tuyru Tupac, Diego Martínez de Oviedo, autor del altar mayor de la Compañía de Jesús, o a Diego Arias de la Cerda, responsable del coro de la Catedral.

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El púlpito, de gran abundancia ornamental, es la obra suprema de toda la carpintería artística del Cusco colonial. Labrado en cedro, tiene tres partes: la base, el antepecho y el dosel. Ocho bustos humanos, que simbolizan a los herejes, parecen sostener todo el púlpito. En el antepecho, destacan nichos con las imágenes de los cuatro evangelistas y, entre ellos, la de la Virgen Inmaculada sobre nubes y amorcillos. La imagen del patrón de la iglesia, San Blas, aparece entre tallada entre el antepecho y el dosel. En este último, destacan las imágenes de los doctores de la iglesia. Remata esta gran tribuna la imagen del Redentor con una cruz en una mano. Dice la tradición finalmente que la calavera que está en el dosel pertenecería al artista que talló esta obra maestra.

Fuente: Antropóloga Nohelia Olivares

La iglesia de San Blas

Un santo mártir, un santo de la lucha y la persecución, parecía un candidato apropiado para nombrar una iglesia en una época de conflicto y violencia. Su nombre estaba asociado a la resistencia y a la lucha por la fe cristiana, precisamente lo que era necesario en los primeros años de la imposición del cristianismo en las tierras conquistadas.

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La parroquia de San Blas estaba ubicada al inicio del Camino Real al Antisuyo. En términos de extensión era la más importante de la ciudad. Limitaba con la Parroquia Matriz, la de la Catedral, y con las parroquias de San Cristóbal y San Sebastián. La congregación encargada de este templo fue la de Santo Domingo y el primer alcalde de San Blas fue Don Felipe Inga.

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El templo primigenio fue destruido por el terremoto de 1650. El que existe en la actualidad fue levantado gracias al esfuerzo de los sucesivos párrocos.

 

 

COMUNICADO

La empresa inversiones Wiñaywayna S.A. Comunica que la “Sociedad Auditora Ramon Ruffner Sociedad Civil” ha sido ganador de la convocatoria para la contratación de auditoria de gestión financiera, administrativa y tributaria de los periodos 2013, 2014, 2015, 2016, y 2017. La firma del contrato se realizará el día lunes 06 de agosto del presente año en las oficinas de la empresa a las 15:00 hrs.

Cusco 03 de agosto del 2018

Atte. La Comisión de Contratación

Barrio Tradicional de San Blas

Toqocachi, cuyo significado es “cueva de sal”, fue el nombre del barrio de San Blas en tiempo de los incas. En este sector de la ciudad vivía gente de pueblo dedicada sobre todo a la agricultura y artesanía.


Toqocachi fue el asiento de dos importantes ayllus, el Hatun Ayllu y el Cápac Ayllu. El barrio tenía como características la abundancia de agua, que afloraba de manantiales; un excelente microclima; y una ubicación estratégica. Y gracias a la elevación del terreno, desde Toqocachi se podía observar todo el valle de Cusco.

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San Blas exhibe hasta el presente restos de andenes trabajados con enormes bloques de piedra, visibles sobre todo en la calle Tandapata, la más larga de todo el barrio.


Algunas calles, como la cuesta de San Blas y la misma Tandapata, formaban parte del camino al Antisuyo. Otras, como Atoqsayk’uchi, Chiwanpata y Recoleta, al parecer formaban parte de caminos secundarios.

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Tras la llegada de los españoles, en el antiguo barrio incaico de Tococcachi, habitaban 1136 indios según un empadronamiento que hizo el visitador Sancho Verdugo. Aquí se erigió una iglesia que tuvo como patrón al obispo mártir que hoy sigue dando su nombre al tradicional barrio. Nacido a fines del siglo III de nuestra era, en una familia acaudalada de la actual Capadocia, en Turquía, Blas de Sebaste fue un médico que se consagró como obispo siendo muy joven. Se cuenta que curaba de manera milagrosa a personas y animales. Cuando llegó a Sebaste la última persecución de los romanos contra los cristianos, el Gobernador lo mandó decapitar en el año 316.
Un santo mártir, un santo de la lucha y la persecución, parecía un candidato apropiado para nombrar una iglesia en una época de conflicto y violencia. Su nombre estaba asociado a la resistencia y a la lucha por la fe cristiana, precisamente lo que era necesario en los primeros años de la imposición del cristianismo en las tierras conquistadas.

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